La casbah de Argel, la ciudad olvidada

Desde el aire, el distrito conocido como la Casbah parece como un rumoroso hormiguero, como una enorme escalera y cada una de las terrazas un escalón que baja hacia el mar.
Entre esos escalones hay calles tortuosas que se cruzan, pasan unas por encima de las otras, unas estrechas como corredores, otras abovedadas.
Por todas partes escaleras abruptas, que suben o que descienden a abismos insondables y entradas invadidas por gusanos y por la humedad.
Hay 40,000 donde debería haber sólo 10,000. De todas partes del mundo…muchos.
Las casas tienen patios cerrados, aislados como células, se comunican entre ellas por las terrazas, que son del dominio exclusivo de las mujeres del lugar.
Colorida, dinámica, multifacética, ruidosa, No hay una casbah, hay cientos, miles.

Pépé le Moko – película de Julien Duvivier de 1937

Recuerdo perfectamente la emoción que sentí cuando entré por vez primera a la casbah. Iba con Samir que se mostraba ansioso por enseñarme todo lo posible mientras no paraba de advertirme que el tiempo apremiaba pues debíamos abandonarla antes del crepúsculo. De noche no es el lugar más seguro de Argel. No verás ni un solo policía aquí dentro me decía.

Pero para mi esas palabras de regreso no tenían sentido cuando me encontraba dando mis primeros pasos en una ciudad de 500 años cuyas referencias en películas y cuadros habían alimentado mi imaginación desde que supe que vendría a vivir a Argel.

Argel nació sobre las ruinas del puerto romano de Icosium, donde los beréberes fueron construyendo desde el siglo X una empinada y reluciente ciudad desde la orilla del mar hasta lo alto de la colina. Ante la imposibilidad de defenderla frente a los ataques cristianos pidieron auxilio a los corsarios otomanos que desde el año 1.500 la fortificaron y la defendieron hasta 1830, fecha en la que los franceses la condenaron al olvido en el que todavía se encuentra.

Ahora otra ciudad constriñe a su antecesora. La Nouvelle Ville, creada para satisfacer las necesidades militares y comerciales de la que estaba llamada a ser la capital de la Francia africana, poco a poco abrió higiénicas avenidas y bulevares, levantó elevados bloques y diseñó un monumental frente marítimo que seccionó el acceso al mar de la casbah, despojándola de su tradicional modo de vida. Sus habitantes por primera vez se vieron perdidos en su propio laberinto y la ciudadela se convirtió en su propia antítesis: superpoblada y abandonada, sólida y derruida, joven y vieja al mismo tiempo.

Así es como la conocí pero lejos de no gustarme me apasionó su descubrimiento. Y es que entras en la casbah de Argel y al instante el campo de visión se reduce pero la mirada crece, en pocos pasos, en simples observaciones, es mucho lo que encuentras, lo que sientes. Las viviendas se suceden custodiadas por majestuosas puertas que nos hablan de su otro pasado, el de la capital que venció imperios. Minúsculas ventanas por donde asoma la curiosidad femenina ante el extraño. Fachadas improvisadas llenas de parches y un piorreico empedrado es el castigo diario de sus habitantes en una ciudad donde lo único que cuenta para salvar sus cuestas y escalones son tus propios pies. No quiero ni imaginarme la de mayores que habrá condenados en su propio hogar por no poder caminar sus calles.

Tabiques paliativos por todos lados intentado prolongar sus últimos estertores. Pero para muchas casas estas urgencias no llegaron a tiempo como atestiguan sus escombros sin retirar, y entre ellos crece otra ciudad, la de la basura. Basura para el gobernante que ignora a la casbah y sus circunstancias, y basura para sus habitantes que abandonan allí sus deshechos. A pesar de ello los olores no son tan insoportables como mis ojos me dicen. El mediterráneo generoso limpia sus cuestas soplando y lloviendo fuerte.

Mientras camino me doy cuenta que a cada vuelta de esquina espera el silencio de un nuevo callejón pero en seguida todo cambia cuando los muecines llaman a la oración y su canto recorre velozmente cada metro de la casbah como una riada. Samir se para ante la puerta de una sobria fachada y me invita a entrar o mejor dicho a subir. Es la casa de su familia. Medio trepando por una angosta escalera por fin llego al piso donde la casa se abre en torno a un patio central al más puro estilo andalusí. Seguimos subiendo hasta alcanzar la azotea y mis pupilas se quejan ante el fuerte brillo del cielo de Argel. Souad, su madre me saluda con una sonrisa mientras recoge el tendal y es que desde las azoteas se ve otra casbah, el reino luminoso de la mujeres donde el color de las ropas tendidas contrasta con el blanco de las antenas parabólicas. Me quedo absorto contemplando las miles de terrazas con el fondo azul de un armónico horizonte que no diferencia entre cielo y mar y que únicamente es rasgado por los alminares ahora mudos.

Tras degustar un rico té a la menta, abandonamos la vivienda de insospechado esplendor para tropezar de nuevo en las calles y vamos a parar con la única tienda de recuerdos que hay en toda la casbah. Su artesanía reluce tanto que contrasta con el lugar donde se encuentra haciendo que parezca la entrada a otro mundo. Muy cerca de allí está uno de los símbolos más pintorescos de la casbah, la fuente aïn Bir Chebana donde, como en las otras fuentes públicas, se debieron beber tiempos mejores a juzgar por su rica ornamentación. Observándolas no es difícil imaginar su papel fundamental para calmar la seca garganta de los marineros y transeúntes que remontaban las empinadas calles de vuelta a casa. Hoy son los numerosos niños de la casbah los que en ellas sacian su sed tras jugar en improvisados campos de fútbol sobre los solares abandonados o las destartaladas plazuelas.

Samir me señala con el dedo su reloj. Pronto caerá irremediablemente la noche. Me temo que la visita llega a su fin pero estoy seguro que las sensaciones que viví en la casbah de Argel perdurarán por mucho.

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5 pensamientos en “La casbah de Argel, la ciudad olvidada

  1. Hola Iñaki, las fotos tan impresionantes como siempre y el relato muy descriptivo. Gracias.

    Hace poco consulté una Tesis sobre la casbah de Argel que está muy bien. Por si te puede interesar es : “La vivienda tradicional de la Medina de Argel en la epoca otomana (siglos XVI- XIX) y sus antecedentes hispano-magrebies”, de Sakina Missoum, 1997. Hay copias en la Escuela de Arquitectura de la UPM.

    Un saludo,
    CFS

    • Muchas gracias Carlos por la cita.
      Lo he buscado en internet pero no doy con ella en versión digital. A ver si algún día tengo la oportunidad de consultarla.
      Saludos
      ñk

  2. ¡Hola, Iñaki! Me gusta como crece este blog, mientras te extravías por lo senderos de Argel, y nos los enseñas con tu mirada. ¡Enhorabuena y ánimo! Poli

  3. Buenos dias, Inaki, perfoecto trabajo, texto descriptivo muy detallado y maravillosas fotos. Mucho éxito y que tengas una excelente estancia en Argelia. Nadjib, alumno del Instituto Cervantes

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